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Luego de 50 días de actividad, el buque Estrecho de San Carlos concluyó su labor en la Campaña Antártica de Verano 2016/2017

El Ministerio de Defensa, que conduce Julio Martínez, informa que el aviso ARA Estrecho de San Carlos concluyó, tras cincuenta días de actividad, su labor de aprovisionamiento, traslado y salvaguarda de la vida humana en el marco de la Campaña Antártica de Verano (CAV) 2016/2017.



Luego de finalizar su participación en la misión, el buque arribó a Puerto Belgrano, donde la tripulación fue recibida por autoridades, familiares y la banda de música de esa base naval.

La tarea principal de este buque fue llegar hasta la base San Martín y trabajar en conjunto con las otras unidades desplegadas en el continente blanco para garantizar el desarrollo del aprovisionamiento logístico, transporte de personal y material y salvaguarda de la vida humana en los mares antárticos durante la CAV.

Cumpliendo con las actividades programadas, el buque de la Armada operó junto al transporte ARA Bahía San Blas, los avisos ARA Puerto Argentino y ARA Islas Malvinas, que se encuentra abocado a la Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC) junto a la Armada de Chile.

En la Antártida, el buque desarrolló sus actividades logísticas y de reaprovisionamiento en las bases permanentes Carlini, San Martín, Esperanza, Decepción y Orcadas, y en la base temporaria Brown.

El Estrecho de San Carlos es un aviso de la clase Project V92/I mod. Neftegaz, que originalmente se usó para exploración de gas y petróleo en Rusia. 

En diciembre de 2015 fue entregado a la Armada Argentina y cumple funciones de patrullaje y abastecimiento de las naves que se dirigen a las bases científicas del continente blanco.

El buque tiene una capacidad de carga de 2.723 toneladas y una cubierta para transporte de material de 414 metros cuadrados equipada con una grúa hidráulica. Su propulsión está compuesta por dos motores diesel y maniobra a través de dos hélices de paso variable en popa y en proa. 

Tiene una autonomía para navegar 40 días a 12 nudos de velocidad y lleva su nombre por el defecto geográfico estrecho de San Carlos, brazo del océano Atlántico Sur que separa las dos islas principales del archipiélago de las Islas Malvinas.



A bordo de un avión de la Fuerza Aérea, científicos analizaron una extensa grieta en la Antártida

En el marco de la Campaña Antártica de Verano 2016/2017, a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Argentina, científicos del Instituto Antártico Argentino (IAA) sobrevolaron la Barrera de Hielo Larsen C, para registrar y analizar la evolución de una extensa grieta.

El reconocimiento aéreo permitió detectar que restan unos 20 kilómetros de grieta para que la masa de hielo se fracture totalmente y se desprenda hacia el mar y, según estimaciones realizadas por el IAA, la superficie desprendida sería de unos 5.900 kilómetros cuadrados, unas 30 veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires.

Esta dinámica de fractura y desprendimiento de enormes masas de hielo alteran el balance entre el agua contenida en el hielo continental de la Antártida y el océano circundante, motivo por el cual los científicos siguen con preocupación la estabilidad de las plataformas de hielo, principalmente en la región de la península antártica, y analizan sus causas y evolución ante la posibilidad de que pueda estar vinculado al cambio climático global, aunque aún no hay conclusiones.

El vuelo, realizado en el marco de las actividades de apoyo logístico a la actividad científica que desarrolla la Fuerza Aérea a través de la Dirección de Asuntos Antárticos, se realizó hacia la grieta que evoluciona en la región oriental de la Península Antártica, a unos 500 km al sur de la Base Marambio.

La comitiva se trasladó en un avión bimotor DHC-6 Twin Otter matrícula T-87, de la Escuadrilla Antártica de Vuelo Águila, apostado en la Base Marambio y perteneciente a la IX Brigada Aérea de Comodoro Rivadavia. 

A partir del requerimiento del Instituto Antártico Argentino - Dirección Nacional del Antártico (DNA), el organismo de la cancillería argentina que coordina y ejecuta las actividades científicas y el Plan Anual Antártico, junto a las Fuerzas Armadas, científicos y tripulantes comenzaron a planificar el vuelo en la Base Marambio.

La operación requirió una planificación cuidadosa, ya que la distancia a recorrer era superior a 1.000 kilómetros de ida y vuelta, lo que demandó la instalación de un tanque auxiliar interno de combustible para que el trayecto se efectúe de manera autónoma sin escalas de reaprovisionamiento para realizar el relevamiento fotográfico sin inconvenientes. 

Además del estudio de la zona de reconocimiento de Larsen C, analizando imágenes satelitales y estableciendo puntos de coordenadas de vuelo, se contó con el apoyo del Centro Meteorológico Marambio, dependiente del Servicio Meteorológico Nacional, ya que era necesario tener buenas condiciones meteorológicas durante la misión.

Como observador científico del vuelo a la grieta participó el jefe del Departamento de Glaciología del IAA, Sebastián Marinsek, y el licenciado Carlos Bunge, de la DNA.

El sobrevuelo, que duró más de cinco horas y atravesó el Círculo Polar Antártico, formó parte del proyecto "Balance de masa y dinámica de glaciares en la Península Antártica", incluido en el plan anual técnico y de servicios 2016/17 de la DNA. 

La escuadrilla Águila mantiene una aeronave DHC-6 Twin Otter y a su tripulación durante todo el año en Marambio, con capacidad de vuelo para efectuar un servicio de transporte de pasajeros y carga interbases, misiones de apoyo logístico a la actividad científica nacional e internacional, evacuaciones sanitarias y operaciones SAR (Búsqueda y Salvamento) dentro de su área de cobertura. 

El avión se cambia de acuerdo a las necesidades de mantenimiento y las tripulaciones rotan cada tres o cuatro meses, con la posibilidad de que la mayor cantidad de tripulantes adquieran la experiencia de operar en la Antártida.

La misión científica tuvo alcance mediático nacional y trascendencia internacional, dada la importancia de la observación y la posibilidad que tiene la Argentina de acceder a sitios tan remotos, gracias al esfuerzo conjunto de científicos y personal de las Fuerzas Armadas y a la presencia ininterrumpida de nuestro país en la Antártida, que sostiene seis bases permanentes y siete transitorias.