Su testimonio no solo reconstruye una vivencia individual, sino que expone con claridad el funcionamiento de un plan criminal sistemático: la desaparición de toda persona que pensara distinto y la apropiación de sus hijos, con el objetivo de borrar identidades y quebrar la continuidad de una generación. Montenegro fue una de esas niñas apropiadas, criada por la familia del asesino de sus padres biológicos, lo que convierte su relato en una evidencia irrefutable frente a cualquier intento de negacionismo.
Lejos de tratarse de un hecho aislado del pasado, la exposición permitió reflexionar sobre la permanencia de ese horror en la memoria colectiva. La dictadura no es solo un capítulo de la historia, sino una herida que atraviesa cada familia, cada calle, cada aula, cada fábrica y cada barrio del país.
La charla remarcó que la construcción de una sociedad democrática requiere del ejercicio constante de la memoria y de la denuncia. En ese sentido, la consigna de “Nunca Más” no es solo un lema histórico, sino un compromiso activo que debe renovarse día a día.
Memoria, Verdad y Justicia se reafirma así como el camino indispensable para alcanzar un país justo, libre y soberano, en línea con los sueños de quienes lucharon y hoy son reivindicados a través de estos espacios de reflexión y militancia.
La clase dejó una certeza contundente: recordar no es solo un acto del pasado, sino una herramienta fundamental para transformar el presente y proyectar un futuro con más derechos y más democracia.